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Desenmarañando los misterios de la Anorexia

Posted by codependencia en diciembre 17, 2007

Una vez más me ha llegado un mensaje al foro que en lo personal, creo que trae mucha luz al entendimiento del origen de ese problema tan duro que es la Anorexia.
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“Yo, a mis viejos, no los trago”

“Aun esquelético, el anoréxico se ve demasiado gordo; como si él mismo se molestara, como si temiera no ser digno de amor. Soporta mal la imagen del espejo, pero el primer espejo fue la mirada materna: admirativa o posesiva, o fría o devorante. El segundo espejo fue el padre: reconfortante o ausente o desinteresado. Tal vez quien no se soporta sintió que su presencia era mal soportada.”

Por Norma E. Alberro *

La persona que experimenta dificultades para alimentarse sufre, en general, no solamente de hacer sufrir, sino de que su sufrimiento sea motivo de reproche. Si todo síntoma quiere decir algo que no sabe decirse de otra manera, el síntoma anoréxico es paradójico, ya que la anorexia se afirma en el borramiento. Es necesario ver en esta afirmación un programa para sobrevivir, una estrategia de resistencia al sufrimiento, antes que una auténtica voluntad de morir.

Aun esquelético, el anoréxico se encuentra a sí mismo demasiado gordo. Como si ella o él molestaran, como si ella o él, apenas existente, tuviera temor de no ser amable, es decir digno de ser amado. Teniendo ganas de amarse para existir, soporta mal la imagen, o detalles de la imagen, que el espejo le reenvía.

Pero el primer espejo ha sido la mirada maternal y el rostro que reenvía esa mirada. Puede ser admirativo o posesivo. Puede ser frío, indiferente, devorante, exterminador. El segundo es el padre, que se presenta reconfortante o ausente o desinteresado. Tal vez un niño que no se soporta sintió que su presencia era mal soportada. Lo que le fue demandado, lo que se esperaba de él, lo perturba o no corresponde a lo que él cree ser.

La demanda ha sido abusiva. Por demanda abusiva entiendo una demanda que se dirige a quien no está en condiciones de satisfacerla. El niño ha podido sentir una demanda, directa o indirecta, frecuentemente tácita, tal como: “Sé otro de lo que eres”; “Sé otro de lo que aspiras a ser”; “Sé el objeto de mi deseo”. Con frecuencia, es un deseo oscuro y perturbador del crecimiento del niño. El niño que desencadena un síntoma anoréxico puede ser un niño pantalla, sobre el cual se han proyectado demasiados deseos parentales.

En algunos casos, la enfermedad se instala luego de un régimen de adelgazamiento. El régimen no es la causa sino el disparador de lo que ya venía gestándose. En realidad, la anorexia puede instalarse mucho antes de todo régimen para adelgazar: los bebés pueden ser anoréxicos. El síntoma en el bebé puede entenderse aún más claramente como demanda de ser escuchado. Estos casos echan luz sobre la puesta en cuestión de los cuidados maternos o de su ausencia. El síntoma surge en un momento en que el bebé siente que no puede seguir amando, porque no se siente amado. Se siente incapaz de estar en el lugar que se le ha asignado. Se instala un sufrimiento desconocido, no reconocido, y los cuidados maternos son sentidos como si no le concernieran.

Siendo el síntoma la dificultad e incluso la imposibilidad dolorosa de alimentarse, pone en escena lo que pasa y se transmite a través de la alimentación. Esta es, al principio, materna: el síntoma cuestiona a la madre, los dichos y no dichos, los consentimientos y los rechazos, los acuerdos tácitos del padre. El síntoma traduce los lazos familiares.

Más tarde, el rechazo del alimento puede ser escuchado como un rechazo del régimen de vida propuesto y la dificultad para “tragar” ciertos alimentos afectivos; como un pedido de socorro para denunciar un sentimiento de abandono y de traición, reactualizado o exacerbado por un acontecimiento de la historia que suscita un retorno en masa de lo reprimido.

Suele suceder que algunos niños huérfanos sean anoréxicos. Estos casos nos demuestran que no es la madre, en tanto persona, quien es atacada por el rechazo de los alimentos, sino la vida que a través de ella se transmite pero que no llega a destino. Esta falla en la transmisión de la función materna atenta contra la integridad del niño, además traba su desarrollo y la adquisición de su autonomía.

Digamos que la encarnación maternal y maternante está cuestionada por el síntoma. En este sentido, el padre también resulta cuestionado, ya que no ha podido impedir el mal tratamiento y es tan responsable como la madre. Ninguno es culpable, ya que ellos también sufren de sus impedimentos. Pero sí son responsables.

La anorexia es un síntoma que revela el nudo mismo de la relación parental: un padre que deja a su mujer librada al sentimiento de abandono, permite que la madre espere del niño que venga a llenar su propia falta. El niño que repara la falta del padre sostiene cerca de la madre el lugar simbólico de un amante: debe ser tan bueno para ella como debería serlo el padre ausente. El niño siente esto como un exceso que no está autorizado a denunciar. El niño no se siente en su lugar: objeto de goce y de celos, experimenta su existencia como un malestar.

Entre sentimientos de abandono, permisividad y agresión, a veces sexual, traicionado o desorientado, el niño resiste a su madre rechazando la comida que le da, ya que no puede sustraerse al exceso de demanda de parte de ella. Todo esto se juega en su inconsciente, en el que la anorexia sería la expresión, en forma simultánea, de un exceso y de un demasiado poco. Demasiado deseo –paterno–, demasiado placer –materno–. Demasiada madre y poco padre. El exceso de madre tiene su correspondencia en la ausencia simbólica de padre. Pero la presencia excesiva de la madre se corresponde con una ausencia de vitalidad: suele ser una madre fragilizada, amenazada, que porta una historia infantil de carencias afectivas. Es una madre absorbida por la rivalidad, invasora, madre devorante de dolor y abandonada, dejada de lado, sola con su dolor y sus dudas, primero por su padre y por su marido después. Madre desvitalizante, que el niño busca revitalizar.

* Fragmento del trabajo “Avatares de la función materna en el niño anoréxico”

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2 comentarios to “Desenmarañando los misterios de la Anorexia”

  1. tengo 21 años y desde los 14 tengo bulimia kon algunos tintes de anorexia pero la verdad ya estoy harta, creo que debemos aprender a a quererenos y aceptarnos komo somos, solo que no es tan facil,
    alguien sabe algunas tacticas o tecnicas psicologicas que me puedan ayudar a dejar este transtorno alimenticio que no te deja vivir en paz ni ser feliz?????
    quiero empezar a vencerlo, a salir adelante no quiero vivir asi el resto de mi vida asi que desde hoy empezare a contar los dias en que no vomito, asi que si se quieren unir a este desafio lo pueden hacer.

  2. codependencia said

    Si en verdad quieres hacer algo al respecto… BUSCA APOYO PSICOLÓGICO!!!! Es muy complicado vencer este problema en soledad!!!!!

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