Entró como un humo, suave e imperceptible. Colándose por cada rendija, hasta cada rincón, llenando los espacios de luz con sombra, los colores con sus tonos grises y la salud con dolor y molestias, opacando los brillos; se instaló sin pedir permiso, con su indiferencia, su enojo, su mala cara, su tristeza sombría. A su paso surgía el mal humor, la frustración. Absorbiendo cada gramo de energía, de fuerza y de entusiasmo. Todo gris, sentimientos secos, toda labor en su presencia se volvía complicada, hostil, injusta, frustrante, imposible. La carcajada transformada en llanto, la alegría en rabia, la vigilia en sueño. Impulsando con el vacío abrumador a comer sin control, aumentando en peso, en espacio pero alimentando al final solo al vacío. Gris, pesada, aterradora, incapacitante, abrumadora, agotadora. De aspecto atemorizante y mirada triste, de pronto se instaló en cada día, minuto y segundo de mi vida.
Las armas: químicas, físicas, emocionales y Leer el resto de esta entrada »